lunes, 6 de septiembre de 2010

prólogo (Tánger, noviembre 2009)

Tanger2 from william peña on Vimeo.


En 2007 fuimos un buen amigo y yo con nuestras parejas de entonces a Túnez. Fue un viaje donde él y yo reconocimos el parecido que tienen todos los sitios del tercer mundo. Suciedad, humildad, amabilidad, filibustería. Fue un viaje muy intenso del que salimos bastante condicionados en el sentido de volver a un país islámico, debido a la manera en que nos sentimos tratados. Para el noventa por ciento de los tipos en la medina tú tienes cara de euro, y eso es lo que buscan. Un euro. Como sea. Quiero un euro, un euro por favor, seré tu amigo por unos cuantos euros. Pobres de nosotros, éramos demasiado nobles y nos dejamos embelesar tan fácil por los charlatanes de la medina.


En noviembre de 2009 la amiga que detuvo el convoy de buses en Kosovo compró en una aerolínea de bajo coste cuatro billetes ida y vuelta a Tánger por un euro cada uno. Volar gratis!! ella y otra nena desertaron (no recuerdo la razón) y nos fuimos mi amigo y yo al puerto por cuatro días. Teníamos bastante presente nuestra experiencia en Túnez, y por poco cometimos el error de pasear en la medina exclusivamente. En Tanger incluso nos jalaban de la camisa para llevarnos a su pequeño cubil y estafarnos amablemente; hubo situaciones realmente escabrosas en las que por ejemplo pudimos ver la falta de respeto que tienen algunos adultos (hombres) hacia los niños y especialmente hacia las niñas. Pero en algunas travesías salimos de la medina y allí todo el mundo nos ignoraba por las calles, ya no teníamos cara de euro, en los locales nos trataban con amabilidad y respeto. Volvíamos a ser personas de nuevo.

El propósito económico para los cuatro días que estuvimos en Tánger era gastarnos menos de cincuenta euros cada uno, incluyendo alojamiento. Yo iba pelado, sin plata; finalmente cumplí ese propósito sin tener qué ser muy tiquismiquis con los gastos. La comida es muy barata y muy buena; todos los días desayunábamos y a veces también comíamos en una patisserie junto a la medina, donde por poner un ejemplo descarnado, lo que puede costar en Madrid diez euros, allí costaba dos euros y medio. Los croissants eran deliciosos, al igual que el café. En otros sitios a la hora de la comida, el cuscús con bebida incluida, entre veinte y veinticinco dirhams, dos euros; el plato era bastante generoso.

Para alojarnos escogimos una zona adyacente a la medina. En una sola calle hay unos veinte hostales en los que los precios por habitación doble rondan entre los sesenta y ciento veinte dirhams (6-12 eur). Las habitaciones no tienen baños, hay un W.C. en el pasillo de cada planta y la ducha (el derecho a ducharse cuesta diez dirham) está en la planta baja del edificio. El hostal era muy limpio, un edificio construido en la época de la colonización francesa; la habitación era muy amplia, con un gran ventanal que daba a una calle que subía directamente a la medina, muy cerca del puerto comercial.


Dos situaciones curiosas: la primera fue muy grata. Por la misma calle donde se encuentran los hostales, subiendo a la medina, entramos en un local donde se vendían alimentos y especias. Los olores de estos sitios son muy intensos, las especias están a la vista formando pequeños montones ordenados como si fueran pirámides. Se venden granos, la famosa henna, jabones, incienzo al peso. Pedimos permiso al dueño del local para filmar y hacer fotos y este accedió sin ningún problema, hablaba un español perfecto. Cuando le dijimos que éramos colombianos recordó al archifamoso René Higuita y el escorpión que hizo jugando nada menos que contra Inglaterra. Nordin (ese es su nombre) estaba bastante informado de la situación que se vive en mi país, aunque le corregí un poco la visión que tenía del ahora expresidente Uribe. Había viajado por España y le había gustado especialmente el norte: Asturias, Euskadi. Le gusta escuchar a Manu Chao. Volvimos por su local alguna vez más para saludar y disfrutar de la sutileza de su conversación.


La segunda: las noches son muy animadas en el malecón; se ve bastante gente caminando a lo largo del paseo, parejas cogidas de la mano, familias con niños, estudiantes. Un poco más tarde el ambiente cambia; hay varias discotecas a lo largo de la playa y allí se acercan los turistas y gente en Mercedes-Benz a locales donde hay mucho control de la gente que entra. Si se viene caminando desde la medina hay una calle paralela a la playa donde hay una serie de edificios viejos y poco iluminados; precisamente allí nos abordó un tipo de unos veintidós años que nos saludó, y se puso a disposición de nosotros para conseguirnos cualquier cosa. El hombre tenía pinta de estar borracho o un poco chalado. Se fue caminando a nuestro lado pero entre más nos acercábamos al malecón se iba retrasando un poco pretendiendo que frenáramos; nosotros continuamos la marcha intentando ignorarlo pero el tipo tenía gracia y le seguimos la corriente con la conversación. A mi amigo que es colombiano a más no poder lo tomó por japonés y no paró de insistir en que le estábamos engañando al decirle lo contrario. A mí me dijo que si me cortaba el pelo podría pasar por marroquí y pedir mejores precios en la medina; esto sí puede haber sido posible siempre que yo mantuviera la boca cerrada.Hacía muy poco habíamos entrado en la zona del malecón, mucho más iluminada, cuando el hombre se detiene y se despide de nosotros, nos da la mano y se acerca a nuestras caras insistiendo nuevamente en que le busquemos si necesitamos cualquier cosa. Lo que sea. Detrás de una 4X4 hay dos hombres vestidos de traje que se acercan sin hacer ruido al joven. Esperan un poco sonrientes a que el tipo acabe de despedirse y cuando el hombre dice la última palabra lo cogen entre los dos y se lo llevan arrastrando. Uno de ellos voltea a mirarnos y nos dice en español: policía secreta, no hay ningún problema. Nosotros nos quedamos pasmados por un momento y luego nos vamos a buscar una cerveza en uno de los locales.

Introducción

Cuando bajé del avión estaba muerto del susto. El único consuelo que tenía para hacer el viaje solo, sin compañía, fueron dos amigos: una nena que viajando sola pasó la frontera entre Serbia y Kosovo e hizo detener un convoy de autobuses porque no encontraba su teléfono móvil; parece que perdió su rastro mientras coqueteaba con un oficial de las naciones unidas. No hablaba ni pizca de serbio o albanés y se entendió por esos lares con señas. El otro consuelo vino de un tipo que fue a Grecia, perdió toda su documentación y tarjetas (no nos quiere contar cómo), peleó varios días con los consulados de los dos países a los que debe pleitesía, aguantó risas de un comisario al que respondió con palabrotas en colombiano y conoció a un neozelandés con el que ahora comparten el silencio como parte esencial de su amistad. Bueno, me fui un poco más tranquilo pensando que si estos dos personajes sobrevivieron en paises con un idioma nuevo para ellos, yo podría hacerlo mejor en Marruecos con mi francés peor que mediocre. Esa era la principal preocupación. Las otras que venían añadidas como parte de mis paranoias, prejuicios e ideas preconcebidas se irán mostrando conforme vaya avanzando este relato.

Escribo esto muchos meses después de haber hecho el viaje, con un océano de por medio (empecé en Bogotá, continúo en Madrid). Los dioses me llevaron por Marruecos y me prepararon para el regreso a mi pasado esencial, a mi materia prima. Lo que obtuve de Marruecos lo percibí en Colombia aunque allí la guerra lo oculta debajo de una coraza de desconfianza, resignación e ira.

Durante los días que estuve en Marruecos escribí todas las noches en un cuadernito de notas (no era un moleskine) una lista de situaciones de lo acaecido en el día, cronológicamente. La esperanza era convertir eso en una narración lo más pronto posible pero diversas situaciones -especialmente noches y días interminables respirando el sagrado perfume de una mujer- aplazaron el proyecto donde van de por medio fotografías y video de lo visto y escuchado. Aquí comienza la vaina.