El futuro, al día siguiente, fue brillante y prodigioso. El amanecer en Tafraoute es algo que no se puede olvidar; el pueblito está rodeado de montañas rocosas de tonos rojizos que el sol naciente convierte en una alucinación eufórica. El frío es penetrante y el viento mueve las nubes rosáceas entre las rocas. Después de un petit dejeuner busco una ruta adecuada y un man de una tienda de bicicletas me regala un mapa y me aconseja un itinerario de unas seis horas de camino; unos pueblitos unidos por caminos de tierra: de Tafraoute a Aoumerkt, de allí a Afeita Ouaday y finalmente a Tafraoute, unos quince kilómetros. Estos caminos me trajeron sorpresas inesperadas y muy agradables, la gente sencillamente no tiene miramientos y te dan la bienvenida sin ningún prejuicio. Mi pobre francés me sirvió para comunicarme con un adolescente y su familia, que me recibieron en su casa y me brindaron comida en un pueblo sin restaurantes. Unas cuantas preguntas sirvieron para que unas nenas de veinte años jugaran con su libertad y me enseñaran parte de su alegría, expresada en canciones y frases en su idioma, desconocido para mí. Por primera vez, sobre el terreno, me di cuenta cuánta clase le puede dar el velo a una mujer.

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| Karima |
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| Karim y Nordin |
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| Hostal Redouane |
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| aurorretrato pletórico |
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| el pueblito de Nordin y Karim |