lunes, 28 de octubre de 2013

Marrakech, final del viaje

Casi cuatro años después de haber hecho el viaje termina el blog. Es esto un punto aparte, o un punto final? volveré a Marruecos? La vida en este momento es de incertidumbre total para la mayoría de gente, incluso en los países desarrollados. Ahora vivimos la misma desazón que tiene gente de países como Marruecos, donde no existe ninguna seguridad económica, donde si tienes un hijo, debes procurar que no se enferme, porque poco pueden hacer unas infraestructuras sanitarias inexistentes. El estado del bienestar se derriba a gran velocidad en Europa, y estamos a prueba. Muchísima gente vive de la caridad del gobierno ya sea por medio de subsidios o comedores sociales. El miedo de perder lo poco que se tiene paraliza a la población, y la hace refugiarse con su familia, alrededor del objeto que les da la mayor sensación de confort y de evasión de la realidad: el televisor.


Mis dos últimos días del viaje a Marruecos en 2010, los pasé en Marrakech. En esta ciudad cosmopolita y eterna, se pueden vivir miles de experiencias en un solo día, siempre que uno se deje llevar por la amabilidad de la gente, y por las calles escondidas y alejadas del zoco. En esas calles se puede percibir lo que cualquiera de los transeúntes: los olores, las texturas, los sonidos, las miradas amables, la naturalidad del marroquí, que es una naturalidad muy distinta a la del latino. A pesar de la pobreza, la gente sabe vivir con sencillez y con una calma que es de acogida.

el pasillo del hotelito, en la medina. Calle de la Koutoubia

la habitación, muy limpia y muy tranquila






En esos dos días grabé exclusivamente en la plaza Djemaa el Fna, que para mi es un vórtex de energía planetario. En la plaza hay que asumirlo todo, porque allí se encuentra todo. La bondad, la codicia, la envidia, el afecto familiar, la amistad. Estar allí y captarlo todo requiere de mucha atención, porque no son solamente los detalles pintorescos que adornan a la plaza, es lo que hay debajo de ellos: es como adivinar lo que hay debajo de un burka que solo deja ver un par de ojos hermosos.

en el centro de la foto, la lengua de Mick Jagger

bicicletas y motos y carretas y burros comparten espacio con la gente, en la plaza








domingo, 20 de octubre de 2013

Essaouira


Essaouira es una perla en el Atlántico. Es una pequeña ciudad de cierta belleza decadente, que se mantiene lozana gracias a la brisa del océano. Allí estuve dos días, caminando las calles bulliciosas de la medina, llenas de colores y texturas de las especias, caminando a orillas del mar, con una temperatura primaveral en pleno enero.



 La ciudad tiene un pequeño puerto que goza de mucha vitalidad. Allí la gente se mezcla con las gaviotas, que se acercan con demasiada confianza a los transeuntes.



 Essaouira tiene un pasado en el que han intervenido bastantes culturas. Ese reflejo de sus vidas anteriores parece haber quedado marcado en cientos de detalles que se pueden encontrar en los callejones, las edificaciones, el puerto. Aunque el presente de la ciudad pertenezca a los marroquíes, Essaouira es un pequeña metrópoli.


lunes, 14 de octubre de 2013

Parada intermedia: Tan Tan


De camino hacia el norte, saliendo del Sahara, hice una parada intermedia en un pueblito costero llamado Tan Tan. Un pueblo tranquilo, donde el clima era plácido, con la brisa suave que provenía del Atlántico. Seguramente debe tener la misma temperatura que las Islas Canarias, ya que se encuentran a la misma latitud.
una tienda de pescadores a orilla del Atlántico, camino hacia Tan Tan

Omar en sus años mozos, acompañado por el té marroquí

sentados, Safiane y Omar
En mi pequeña estancia en Tan Tan, tuve la suerte de ser recibido por dos anfitriones muy divertidos, Safiane y Omar. Safiane, un muchacho de unos veinte años, con un muy buen nivel de inglés, y Omar, un viejo lobo resabiado y con muchas historias que contar. Con ellos pasé una excelente tarde, tomando té, saboreando los sencillos manjares del campo, y escuchando bastantes historias muy entretenidas.

domingo, 6 de octubre de 2013

Dahkla




Los días que estuve en Dahkla fueron tranquilos, sin sobresaltos, lejos de los acosadores de los zocos. Al ser un pueblo poco turístico, los zocos son básicamente mercados para los habitantes del pueblo, por lo que allí los comerciantes se preocupan más por atender bien a sus vecinos que por obtener ingresos de los bolsillos de los pocos turistas que pasan por allí. Dahkla es una de las puertas al desierto, y está a pocos pasos de Mauritania, pasos que no di por falta de dinero (o de agallas).

Viajeros hacia el desierto: Mauritania

Una habitación doble por 80 dh: 8 euros. Limpia y con vistas al zoco

un pueblo tranquilo, sin mucho movimiento

vistas desde el hotel
el té marroquí con sus dosis enormes de azúcar

compañeros de viaje


Precisamente por ser un sitio tranquilo, fui muy bien recibido. la gente es muy amable y pasé algunos ratos divertidos con los tres chicos que conocí en el viaje en autobús, Nino, Omar y Nabil. Conocí de primera mano todas las inquietudes del inmigrante marroquí, ya que ellos se habían movido por Europa, sin mucha suerte. Ahora buscaban trabajo en su país, recorriéndolo de cabo a rabo.

Lo mejor de haber estado en Dahkla, fue respirar el ambiente de un pueblo; estar allí sin pretender llegar a los museos, monumentos, etc, porque no hay. Así que los tres días que anduve por allí los dediqué a disfrutar del lugar.
alegría en Dahkla